viernes, 30 de diciembre de 2011

     Iba a publicar mi entrada "Un día irrepetible" referente al día de ayer pero hoy he tenido una sensación muy fuerte que me hace posponer esa entrada para escribir esta otra.

     Hoy por desgracia, he tenido que visitar el tanatorio. El padre de dos amigos y compañeros ha fallecido.

     Caminaba yo hacia el tanatorio para darles el pésame con una sensación un tanto extraña, ya que cada vez que pasan estas cosas y, más cuando le pasan a una persona relativamente joven, empieza a pasar por tu cabeza la sensación esta de: "ayer estaba bien y hoy ya no está", cómo puede serla vida tan fugaz y como te puede cambiar en tan poco tiempo debido al desvanecimiento de una persona cercana. Piensas: ¿y si me hubiese pasado a mi? ¿a una persona de mi familia o a mi misma qué? ¿Qué dejaría en este mundo?

     Mientras todavía estos pensamientos rondaban por mi cabeza, el autobús ha llegado al tanatorio y con una expresión extraña y un rostro triste, he saludo a un amigo mío y nos hemos puesto a esperar a que llegase el resto. Veinte minutos después ya éramos un grupo bastante de numeroso de amigos y compañeros que esperábamos para darle el pésame a la familia. Y esto, gracias a una cadena telefónica por la que el día anterior nos enteramos del acontecimiento.

     En fin, el motivo de mi entrada ha sido que cuando nos he visto a todos con cara de tristeza esperando a que bajase la familia, me he dado cuenta de que esto no es una situación habitual, más que nada porque este grupo de personas siempre que estamos juntos, es en acampadas, montando tiendas, jugando y haciendo actividades y proyectos. La imagen que me viene a la cabeza cuando pienso "scouts" es de este mismo grupo de gente pero en medio del monte haciendo los payasos y riéndonos sin parar. Pues bien, hoy me he dado cuenta de que estamos muy unidos, no sólo para divertirnos y pasárnoslo bien sino también estamos en los momentos difíciles. Nos veamos más o menos, cuando alguien lo necesita estamos ahí y ya no es sólo un sentimiento de alegría o ese espíritu payaso que solemos tener, hoy se ha respirado más que carcajadas un sentimiento de tristeza, amor y apoyo. Por eso doy gracias por las personas con las que me rodeo y pese a todo deseo que pasen las fiestas lo mejor posible. Desde mi cuarto, un besazo.
                                                                                                                                               Ana Palito

domingo, 4 de diciembre de 2011

Gato negro

     Volvía del trabajo cansado, por el mismo camino de siempre, mirando al suelo, cabizbajo, arrastrando los zapatos, las plantas de los pies le ardían y ya no podía más, arrastraba el maletín con desgana y sólo quería llegar a casa para echarse un rato y acabar ese largo y horrible día.

     Volvía a casa, mirando al suelo, cuando de repente algo le llamó la atención. Se paró en seco, dio dos pasos atrás y levantó la cabeza. Encima del capó de un coche azul marino vio un gato negro, sentado, rascándose con la pata de atrás y lamiéndose sin complejos. Él se quedó mirando al gato firmemente. No siempre se ve un gato encima de un capó, de hecho, casi nunca se ve un gato encima de un capó. En ese momento, el gato paró, se sentó sobre sus patas traseras y sus ojos verdes miraron intensamente al señor, que seguía parado en frente suya. El caballero miró intensamente los ojos verdes del gato negro y vio en su mirada felina, su figura reflejada. Su aspecto desaliñado, sus brazos caídos, su traje arrugado, su corbata mal puesta y su gesto derrotista.

       Cerró los ojos y una imagen inundó su cabeza: escuchaba como el público coreaba sus canciones y como la gente levantaba los brazos y los movía rítmicamente al son de la canción, como la guitarra sonaba y como el bajo y la batería marcaban el ritmo y como su corazón latía acelerado por la emoción de estar encima de un escenario... Pero entonces volvió en sí, y el gato ya no le miraba, continuaba con su tarea anterior, sin hacerle ya el mínimo caso.

     Él continuó caminando pero esta vez dejó de mirar al suelo para dirigir su mirada al frente. Llegó a su casa, abrió la puerta y mientras caminaba por el pasillo, se aflojó el nudo de la corbata, lo desató y la tiró al suelo, dejó su maletín y lanzó sus viejos mocasines contra la pared, se quitó la chaqueta del traje, se desabrochó un par de botones de la camisa, echó las mangas hacia atrás, se afeitó la barba y se despeinó, dejando a su alocado pelo moverse por el aire que corría por la ventana.

     Se dirigió al despacho, abrió un armario y sacó el gran estuche de su antigua guitarra, lo abrió y la cogió, se sentó en una silla y empezó a tocar y a tararear con los ojos cerrados.

   

viernes, 25 de noviembre de 2011

Ebria de satisfacción

Llevo un par de días con una segunda parte de "y la piedra cayó", pero hoy no la escribiré. No la escribiré porque estoy ebria, estoy ebria de ganas de ganas de contemplar el mundo, de vivir la vida cada segunda, ebria de satisfacción, de orgullo por la persona que soy y por la que seré, ebria de sueños, de ambiciones pero sobretodo, tras una noche de viernes, ebria de cerveza. No sonará tan poético como lo anterior, pero no voy a escribir ahora la segunda parte de "y la piedra cayó" por este motivo.

He decidido mi rumbo, el camino que quiero tomar, mis ganas de vivir, pero hoy no lo escribiré. Pulso varias letras, el teclado del ordenador no me responde a lo quiero teclear, pero no es culpa suya, estoy ebria y borro y reescribo. Pero ya era hora de reescribir y borrar y borrar, porque es demasiado tiempo sin llegar a este universo de palabras y oraciones, letras y fonemas, demasiado tiempo sin pasarme por aquí ¿Por qué? No lo sé, quizá un cambio en mi vida ha impulsado que dejase de escribir, mi cambio hacia el estudio y hacia, parcialmente, la buena alumna que duerme pronto y se levanta para ir a clase.

Hoy soy aquella que escribe a las 2.25 de la mañana, que tiene un examen la semana que viene y que comenta para desconocidos sus pensamientos ebrios de madrugada. Hoy soy aquella que ríe y que agradece ser como es.

Porque hoy, en mi camino de vuelta a casa, mi cabeza ha hilado pensamientos que me han conmovido, porque hoy vuelvo a recuperar parte de lo que soy: escritora, política en las discusiones e ideas y gran persona en cualquier aspecto que me proponga. Porque hoy, ebria de cañas y pintas, soy como soy y quizà mañana me arrepienta de escribir lo que escribo. Pero ahora estoy aquí, frente al ordenador, 2.32, intentando recordar para escribir esas palabras que me he dicho a mi misma al bajar la cuesta. Pero que no recuerdo Quizá porque estoy ebria.

Ana Palito, ebria de satisfacción

viernes, 11 de noviembre de 2011

Y la piedra cayó

     Y la piedra cayó, y rodaba y rodaba sin parar. Y no era capaz de frenar y nadie conseguía pararla. Tenía los cantos desgastados, se había acostumbrado a rodar, ya no recordaba el motivo por el cual seguía cayendo, pero se había acostumbrado a ello y era más fácil seguir rodando que pararse a pensar por qué había empezado a hacerlo.

     ¿Sería capaz de parar? ¿Conseguirá alguien sacarla de su forzoso cometido? O será capaz de redirigir su camino, modificar su rumbo, pararse a esperar o continuar lentamente por su camino, pero parar, porque no seguirá avanzando sin saber a dónde va.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Rojo y verde

Y aquí estoy, volví de la acampada, volví con ganas de escribir y de contar que ya no sólo conozco scouts valencians sino también scouts mancheguitos pero la falta de tiempo y una pequeña desintoxicación de ordenador han hecho que no me acerque y que mucho menos escriba algo en él.

     Pero aquí estoy y me he dado cuenta de que he vuelto, de que ya estoy aquí, tras un paréntesis de dejar mis scouts a un lado, tras un año de aparecer simplemente para subir montañas y para ir a una acampada solamente, solamente, parece ridículo, una sola acampada que me influyó demasiado y condicionó mis sentimientos por una larga temporada.

     Pero ya estoy aquí, dispuesta y siempre lista porque ya vuelve a ser una de mis prioridades, ya vuelve a dolerme faltar a una actividad, porque sigo siendo scout y porque aunque me valla y aunque me deje de poner la pañola en el cuello, mis numerosos recuerdos de la adolescencia son prácticamente todos de los scouts y de la gente que me hacen ser como soy, mi gente y aunque algunos ya no están, yo siempre recordaré esos momentos tan fantásticos, recordaré entrar en la tienda y tirarme encima de Paloma diciendo "palomito mío, voy a poseerte aarrr" y porque recordaré la escandalosa risa de Elvira, la información inacabable de Josemi y el pelo alocado de Jorge, la pasión de Bea y las ganas de MariaPo cuando empezó y nos conoció a todos y fue una más, la timidez de Neus en un principio y ahora no puede callarse, Dani, Isaac, Herenia, MariaCa, Violeta... Porque todos hemos cambiado pero seguimos estando.

     Quizá me ha dado por recordar ahora porque he abierto un cajón para cojer una foto, una foto con un marco que pone Camaleño 2007. Una foto que he colocado encima de mi escritorio, en la estantería, una foto con caras sonrientes, en el cesped, delante de un río, con la camisa, mi primer campamento.

   Es necesario tener un caos dentro de sí para dar lugar a una estrella fugaz.

     También tengo ganas de decir que hoy he vuelto a ver al hombrecillo, sigue con sus excentricidades pero está bien. Yo también he vuelto a la biblioteca y vuelve a ser otra de mis sitios preferidos, parecerá una tontería, debería asociar biblioteca con estudio y eso con malo pero no, estoy a gusto en ese sitio, es como mío. También quiero decir que hoy he ido a la UA, me he colado en biología y en enfermería, he visto a Blanca, Belén, Melisa, Alberto Rico, Elena y el Sádico y a Miguel esta tarde. Mi clase de segundo como los quiero. Ah! y también he visto a Dani y a Samu. Un día bastante genial.

Bona nit!

martes, 1 de noviembre de 2011

Día de acampada

     Lunes 31 de octubre, nos dirigimos hacia una nueva aventura, de acampada por el cumpleaños de Bea. Cuatro coches, tres tiendas, trece personas, trece mochilas, un tablero de metacrilato, un brownie y un destino: Banyeres de Mariola.

     Tras una hora de viaje en la que las ventanillas nos mostraban grandes montañas y bastos campos, nuestro destino prometía un paisaje exuberante, repleto de árboles y con la singularidad que sólo prometen los pueblos alejados de la gran ciudad.

     Y así fue, al llegar a nuestro destino, los chopos nos daban la bienvenida con sus hojas cayendo al ritmo del viento y, tras una verja, el Vinalopó, todavía esplendoroso al inicio de su recorrido, nos mostraban un paraje impresionante.  Mesas de madera y hojas en el suelo que evocaban el olor del otoño. Y nosotros, cargados con las mochilas, las tiendas, las sillas, las mesas plegables y por supuesto, el tablero de metacrilato y el brownie, nos contagiábamos de esa luz, de esos rayos de sol que parecen diferentes cuando refractan en las hojas amarillentas, marrones y anaranjadas características de la época.

     Tras plantar, ya llegada la noche siendo todavía muy temprano, el frío comenzó ha hacer mella en nuestros cuerpos, nada acostumbrados a esas temperaturas. Pero ni el frío ni la oscuridad nos privó de jugar a diversos juegos propios de juegos de mesa que nosotros nos encargamos de personalizar en el metacrilato.

     Y tras una larga espera, aparecieron los desaparecidos Bea y Jorge, con tres cajas de telepizza, un bol de ensalada de pasta, tortilla de patatas, fuet y diversas botellas de conocidos refrescos que nuestros ojos se encargaron de devorar con la mirada.

    Después de una noche muy fría en nuestros sacos, unas risas, historias de miedo y un amanecer perfecto con un desayuno copioso con el adorado brownie, escribo estas líneas que me inspiran la agradable compañía de mis buenos amigos y la alegría de coger de nuevo la mochila al hombro y la tienda en los brazos.

    Por una acampada genial y por que vengan muchas más.

                                                                                                                                    Ana Palito*

sábado, 29 de octubre de 2011

Un concierto, un pequeño universo perfecto.

    Saltar, cantar gritando, levantar los brazos al cielo, moverlos rítmicamente, dar palmas sin parar, sentir que todo está bien y que sólo importa ese momento, ese lugar, tú, la gente del escenario y la que te rodea. Te metes en un pequeño universo perfecto en el que todo está como debería estar, no hay preocupaciones, sólo caras sonrientes y bocas abiertas que cantan las letras que representan aquellos que están arriba, aquellos a los que tu miras y admiras por hacer de un lugar corriente un pequeño universo perfecto y sonidos y sonidos, y guitarras y bajos y baterías y teclados y voces desgarradas. Más que un concierto, más que un festival, más que grupos y público, un pequeño universo perfecto.

martes, 25 de octubre de 2011

El hombrecillo

     Me dirigía a la biblioteca de nuevo. Otro curso, otros estudios pero el mismo sitio para concentrarme. Sin embargo, lo más destacable no ocurrió mientras estudiaba mi libro de anatomía, sino a la salida. Tras pararme a mirar un cartel en la salida de la biblioteca, lo vi pasar. El hombrecillo. Un hombre mayor al que acuñamos con este sobrenombre un año atrás. Un tipo un tanto extraño que frecuenta la biblioteca muy a menudo y, que cuando no la frecuentaba, me preguntaba que si habría sufrido algún percance que le impidiese visitarla.

     Tras varios meses, hoy lo he vuelto a ver. Con sus grandes gafas, un pantalón beige, una chaqueta a juego y unas zapatillas a cuadros. Recuerdo sus vestimentas, de lo más variopintas, trajes, rebecas de lana, camisas grises a cuadros y a veces incluso chándal, pero siempre con zapatillas. A veces, muy bien parecidas a las de estar por casa y, otras veces, más asemejadas a las alpargatas.

   Llevaba tras su brazo izquierdo tres libros. Los libros... otro gran misterio del hombrecillo. En muchas ocasiones mis compañeros y yo hemos especulado sobre lo que estudiaba. Corren diversas leyendas sobre este tema, y una de ellas es la que dice que en su pequeña libreta describe a todas las chicas de la biblioteca minuciosamente, pero sólo es una leyenda. Lo realmente seguro es que llegaba a la biblioteca con una pequeña libreta, un bolígrafo y algún libro y, de los estantes, cogía varios diccionarios.

     Recordar lo que traía consigo me ha hecho pensar en un ritual un tanto extraño de este personaje: elegir el sitio dónde sentarse para iniciar su tarea misteriosa. Este pequeño hombrecillo tras subir las escaleras que llevan a la planta de arriba de la biblioteca, echaba una mirada general a la sala, comenzaba a andar y daba un par de vueltas examinando todos los sitios vacíos hasta elegir el más correcto según su criterio y gusto. Algunas veces, se ha sentado en las mesas contiguas a las mías, otra vez miró el sitio vacío de mi lado y siguió su examen despreciándolo y un par de veces ha escogido una silla en mi mesa, contigua a la mía.

     Tras este ritual de elegir sitio, llega otro más extraño si cabe, y es el de sentarse. El hombrecillo no escoge su sitio y se sienta sin más, sino que se coloca delante de la silla, se mira los zapatos, los alinea horizontalmente, se sube el pantalón hasta mostrar sus calcetines blancos, da un par de pasos parado y, finalmente, se sienta y aproxima la silla a la mesa.

     Al salir de la biblioteca, lo he seguido. No con ninguna intención sino simplemente porque iba por el mismo camino que frecuento yo para ir a mi casa. Andaba erráticamente, de izquierda a derecha por una acera recta, y miraba hacia atrás frecuentemente, no sé si a mi, porque cuando ésto ocurría yo desviaba la mirada inmediatamente. Seguía bajando por la pronunciada cuesta de la calle Sant Josep hasta que, de repente, se paró en seco delante de la galería de arte, girando bruscamente su cabeza hacia la derecha. Sorprendida, he seguido caminando y puesto que ya no lo veía, decidí desviarme hacia mi casa. Giré la cabeza en el paso de peatones para ver si seguía caminando, y ahí estaba, bajando la cuesta tras de mí. Seguí caminando pensando que seguiría recto y lo perdería de vista, pero en la esquina cercana a mi casa, escuché sus pasos, esos pasos tan sonoros que arrastran los pies sobre la acera esta vez y no sobre el suelo de la biblioteca. ¡Se desviaba a mi calle! Miré una última vez hacia atrás, me paré en frente de la puerta del portal y saqué las llaves para abrir la puerta. El hombrecillo seguía caminando por mi calle, pasó por en frente de mi puerta y continuó su camino. Y yo, en vez de entrar a mi portal, con las llaves y el móvil en la mano para disimular, seguí con la mirada el camino del hombrecillo, como hipnotizada, en frente de la puerta de mi portal, hasta que mi vista no pudo alcanzar más y se desvaneció.

     Que extraño hombrecillo y que extraño comportamiento.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Clases, muertos y bascket!

   Y hoy he empezado el día orgullosa de mi misma al pasar por la cafetería y no caer en la tentación de renunciar a la clase de biología humana por unas "tostaicas" aunque podría haberlo hecho, mitosis, meiosis, apoptosis y necrosis no son nada nuevo.

En fin, tras esta clase con el señor tranquilo del micro, anatomía con un tío un tanto extraño que nos ha echo palpar el vértice del pulmón de nuestro compañero de al lado con estas palabras: "tocar, tocar, vosotros vais a ser expertos palpadores" y  física, pero nada nuevo, más fórmulas y un empanamiento que no me lo podía quitar de encima.

Tras las clases, una comida copiosa en la cafetería de la universidad y, con el estómago a reventar... muertos! práctica de anatomía con los cadáveres. Cabe destacar que al sacarlos han salpicado bastante y uno casi se cae pero bueno, no entraré en muchos más detalles porque no es algo muy agradable, aunque sí diré que hemos vuelto a toquetear los corazones y hemos empezado con los pulmones.

Pero, las prácticas no han sido lo más emocionante del día, ha sido: el partidillo de bascket!! Con las ganas de aprender de Violeta, que más tarde se transformarían en rechazo hacia este deporte, nos hemos dirigido al pla en el coche de Isaac.

Hemos empezado con unos tiros en las canastas pequeñas, los continuos aspavientos de Violeta cada vez que no metía una canasta y su negativa a hacer una entrada a canasta argumentando frases como "yo no quiero aprender cosas que no se me dan bien" o "soy demasiado mayor para aprender", aquí destaco que Violeta tiene 17 años no 80.

Ah! hemos jugado un 21, aquí cabe destacar que he ganado yo metiendo 10 tiros libres seguidos ;)
y luego hemos jugado un partidillo, Violeta y yo vs Isaac. He vuelto a tener esa sensación de fátiga en la garganta al cojer aire que tenía cuando jugaba, pero lo que ya no tengo es tanto aguante como antes. Me hago mayor. Dos años sin tocar un balón y cuatro sin jugar en serio se notan.

En fin, que dura es la vida del universitario.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Soy Ana Palito

Tras mi breve presentación de hace unos días, creo que debo decir algo más aparte de mi nombre, así que... Soy Ana Palito, tengo 18 años, estudiante universitaria, scout, amiga de mis amigos, hermana mayor y soñadora compulsiva.

Eso de soñadora compulsiva no es porque esté en la parra sino porque últimamente pienso mucho en mi futuro, en lo que quiero hacer de aqui a unos años y bueno, aparte de ciertas dudas de última hora, creo que lo tengo bastante claro. Puede parecer idealista, utópico y tal vez una ilusión un poco tonta . Digamos que es mi meta y motivación para estudiar y trabajar. Quiero ser médico, pero no quiero ser médico aquí, aquí no tengo la sensación de que me necesiten y, si hay colas y embotellamientos en la salud pública más que por falta de médicos a mi me parece que es un fallo del sistema. Yo quiero irme a lugares donde de verdad pueda sentirme útil, África, Sudamérica, Asia... a poblaciones con falta de recursos pero con ganas de salir adelante. Quiero ser médico por el mundo.

Este "sueño" que más que sueño yo lo llamo proyecto de futuro ronda mucho mi cabeza últimamente, antes estaba latente pero ahora lo tengo más presente que de costumbre y puede ser debido a un chico que comparte en muchos aspectos mis forma de ver la vida y tiene un proyecto de futuro muy parecido al mío, de lo cual hablamos mucho y decimos, medio en broma, medio en serio que cambiaremos el mundo.

También aparte de mis espectativas de futuro, soy mis amigos y mis experiencias y mi familia La gente que me rodea. Los que conozco desde hace unos años y con lo que he madurado y los que han aparecido hace poco pero que son igualmente importantes.
Y junto con ésto, los scouts: acampadas, campamentos, noches en vela, marchas, sacos de dormir, bibags, ríos y montañas y toda la gente que lo forman. Podría decir mil cosas y no acabaría jamás.

También está mi pensamiento político y mi crítica social. No me extenderé ahora porque ocupará muchas entradas en un futuro, estoy segura.
Y, en fin, ahora he empezado la universidad. Algo nuevo que todavía estoy descubriendo pero que acabará marcandome como todo lo demás. Hoy, por ejemplo he visto los cadáveres de la sala de disección.

Bueno, creo que es suficiente como primera entrada seria. Muchas más y mucho mejores vendrán, por ahora sólo me presento.

Ana Palito*

viernes, 30 de septiembre de 2011

Empezando

Bueno, empiezo una pequeña aventura que es la de escribir este blog con la esperanza de conocerme un poco mejor a mi misma, expresar todo aquello que se me pase por la cabeza y, sobre todo, transformar en palabras escritas todo mi parloteo interno.

Por hoy, simplemente me presentaré: Me llamo Ana y mis amigos me llaman Palito, soy Ana Palito.