Y la piedra cayó, y rodaba y rodaba sin parar. Y no era capaz de frenar y nadie conseguía pararla. Tenía los cantos desgastados, se había acostumbrado a rodar, ya no recordaba el motivo por el cual seguía cayendo, pero se había acostumbrado a ello y era más fácil seguir rodando que pararse a pensar por qué había empezado a hacerlo.
¿Sería capaz de parar? ¿Conseguirá alguien sacarla de su forzoso cometido? O será capaz de redirigir su camino, modificar su rumbo, pararse a esperar o continuar lentamente por su camino, pero parar, porque no seguirá avanzando sin saber a dónde va.
No hay comentarios:
Publicar un comentario