"Conmigo van, destinados a morir conmigo, sin que de ellos quede otro rastro que el que deja un sueño a medianoche, que a la mañana no puede recordarse. En algunas ocasiones, y ante la idea terrible, se subleva en ellos un instinto de vida, y agitándose en formidable aunque silencioso tumulto, buscan en tropel por donde salir a la luz, de entre las tinieblas que viven. Pero ¡ay, que entre el mundo de la idea y de la forma existe un abismo que sólo puede salvar la palabra, y la palabra, tímida y perezosa, se niega a secundar sus esfuerzos! Mudos, sombríos e impotentes, después de la inútil lucha vuelven a caer en su antiguo marasmo. ¡Tal caen inertes en los surcos de las sendas, si cesa el viento, las hojas amarillas que levantó el molino!
Esas sadiciones de los rebeldes hijos de la imaginación explican algunas de mis fiebres; ellas son la causa, desconocida para la ciencia, de mis exaltaciones y mis abatimientos. Y así, aunque mal, vengo viviendo hasta aquí paseando entre la indiferente multitud esta silenciosa tempestad de mi cabeza."
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