Había
un momento en que las palabras llegaban solas, aparecían en mi cabeza,
explotaban y se quedaban allí hasta el momento en que las escribía. Una idea
que aparecía de repente, caminando, leyendo, sentada, bebiendo, pensando…
simplemente venía a mi y aparecía para que lo escribiese.
Hace ya mucho tiempo
que no me pasa, que no vienen las palabras y a veces las echo de menos. Quizás el
no tener tiempo para pensar haya encerrado todo la imaginación en un rinconcito
de mi cerebro y no le dejen salir. El tiempo, las obligaciones y el que hacer
que matan a nuestro yo más verdadero, el que piensa y reflexiona, que lo
encierran en un mar de cifras y datos que memorizar. Y casi sin darte cuenta vas desapareciendo poco a poco.
Vuelve
a pensar.
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