Hay problemas realmente importantes en el mundo que se tienen que solucionar. La desnutrición infantil, la malaria, los niños soldado, el analfabetismo, las chabolas... A veces pienso demasiado en ello, tanto que cuando algo me preocupa no me lo puedo sacar de la cabeza, intento buscar posibles soluciones, cosas que podría hacer yo mediante algún proyecto y me cabreo, me cabreo con la indiferencia de la gente y no puedo centrarme en las cosas que tengo que hacer porque esos pensamientos no salen de mi cabeza.
La gente normalmente no piensa en estas cosas, son felices con su casa, con la comida que echan a perder, con sus ipads y con todas sus necesidades vitales cubiertas. Son, muchas veces, insensibles. Hemos visto tantas cosas en la tele que cuando dicen una cifra, es sólo eso, una cifra. Pero 5,6 millones de niños al año, un niño cada 3 segundos no es sólo una cifra, son vidas de pequeñas personitas que se pierden. Esta realidad nos queda lejos y, por eso, muchas veces la olvidamos o simplemente nos da igual porque somos egoístas y hemos optado por ser indiferentes a todo lo que sea ajeno a nuestro entorno.
Nos preocupamos por los llamados problemas de rico como "mierda, no tengo wifi" o "jo, esta camiseta no me queda bien" cuando hay problemas mucho más importantes por los que preocuparse. Creo que cuando me vaya a África o a Asia o a Sudamérica estos problemas me darán igual, no creo que me preocupe por si una camiseta me queda me queda bien o por si catalunya se independiza o no. Todo esto me parecerán gilipolleces si se me muere un niño de hambre cada día. Y lo que acabo de escribir no sólo hay que leerlo, hay que imaginarlo. Hay que ponerse en la situación de un médico que está en un proyecto en la otra parte del mundo y con impotencia ve como se mueren pacientes por falta de medios mientras los demás se preocupan por la próxima idiotez que dirá Artur Mas.
No me gusta la idea de la independencia porque no me gusta la idea de frontera, es más, odio las fronteras. Porque las fronteras generan odios, generan desigualdades sociales y generan la palabra inmigrante ilegal. Ninguna persona es ilegal porque todos somos personas y somos personas del mundo. Si no hubiesen fronteras ni países no se hubiese creado el "tercer mundo" y no morirían tantos niños de hambre y no habrían enfermedades que matan en una mitad del mundo y en otra no. Nosotros decidimos poner fronteras en África y repartirnoslas y encerrar a muchos en un territorio prometiéndoles una vida mejor. Ahora, muchos de sus descendientes se mueren de hambre y los que les prometieron una vida mejor ya no existen.
No me gustan las fronteras, éstas junto con la avaricia y la codicia del hombre han creado muchas de las situaciones horribles que se viven hoy en día en el mundo.
Si yo fuera presidenta del mundo, desarrollaría más la consciencia de ciudadano del mundo, para que así la gente se preocupase más de lo que le pasa a otras personas del mundo sin importar de que país son. Solucionaría los problemas realmente importantes y después, me preocuparía por lo demás.
Aún así, si yo fuera presidenta del mundo, no pondría otra frontera, sino que las quitaría todas.