jueves, 18 de abril de 2013

La gente ya no escucha la radio

     La gente ya no escucha la radio. Muchos dicen que no hacen programas buenos, que siempre ponen la misma música y otros, ni siquiera se llegaron a familiarizar con ella debido a que la tele siempre ocupó todos los espacios silenciosos de sus casas.

     Sin embargo, en mi casa los espacios silenciosos se llenaban con diversas emisoras según la preferencia de mi madre o de mi padre.

     Cuando iba a primaria, mi madre entraba a mi habitación a las 7.45 de la mañana, radio en mano para despertarme mientras sonaba la melodía "Hoy buenos días con cantueso oro, las buenas tardes con cantueso oro, el sabor natural en cualquier momento especial. Hoy puede ser un gran día con cantueso oro." y yo cuando la escuchaba, sabía que era hora de ponerse en pie.

     Cuando pasé a la ESO, dejé de escuchar esta melodía. Mi madre dejó de entrar radio en mano a mi cuarto para despertarme, pero esta no fue la razón. Pasé a despertarme una hora antes y, al parecer, dicho anuncio sólo sonaba a las ocho menos cuarto. Mi madre dejó de entrar radio en mano porque a las 6.45 el dominio de la radio le corresponde a mi padre, que la transportaba de su cuarto al aseo, del aseo a la cocina y de la cocina al aseo conforme se levantaba, se arreglaba, desayunaba o se lavaba los dientes. Así que cuando me despertaba, la escuchaba al final del pasillo.

     Este año me fui de casa. Podría haber dejado de escuchar la gran variedad de programas, sintonías o locutores que escuchaba con las radios de mi padre. Pero el día que marchaba, a penas una hora antes de coger el tren que me llevaría definitivamente a Barcelona, cuando estaba cerrando mi maleta, mi padre entró en mi cuarto, sujetando la radio entre sus manos y me dijo: "toma, sin tele se puede vivir pero sin radio no" y extendió sus brazos ofreciéndomela. Yo la cogí, la guardé en la maleta y le dí las gracias sonriendo porque sé lo que mi padre valora la radio.

     Pasados los meses, sigo sin tener tele pero sí tengo la radio, al igual que mi padre cuando, con mi misma edad, estudiaba en Valencia.

   

     Mi consejo, cojan una radio, giren la ruedecita y empiecen a descubrir que hay más allá de las cuatro emisoras de siempre.